En una lluviosa mañana de enero de 2010, el joven Tom Haig viajó a Londres para tomar posesión de su herencia. Como descendiente del famoso veterano de guerra Sir Douglas Haigh, le había correspondido la antigua casa familiar, en el número 35 de Fleet Street, que según se decía antaño había sido una famosa taberna.
Tuvo que abrirse paso entre la maleza para acceder a la casona, que llevaba decenios cerrada y tras acceder a su interior comenzó a investigar entre los antiguos muebles polvorientos. Fijó su vista en dos antiguas cajas de munición situadas en medio del resto de enseres, como esperando ser halladas.
Allí encontró recuerdos personales de su ilustre antepasado, algunas botellas antiguas y una carta manuscrita en la que Sir Douglas Haig relataba un episodio de la Guerra de las Indias que sería la inspiración de una idea, El 35 Gin Club.
“En el año 1890, los soldados Ingleses combatíamos para sofocar las revueltas de la población india. Los dos bandos soportábamos condiciones climáticas extremas, el frío atoraba los músculos y las infecciones se transmitían ferozmente.
Douglas Haig, joven teniente inglés de 26 años, recordaba dos cosas: a su joven novia, Dorothy, y el sabor del gin tonic que cada tarde tomaba en la taberna de su tío John, antiguo marino que tras retirarse adquirió la Taberna 35 para conseguir, con los años, combinar de manera mágica la ginebra con aquella amarga agua carbonatada que se utilizaba para combatir el paludismo y la malaria.
Les quedaban días para licenciarse, pero estaban envueltos en una escaramuza que hacía imposible la retirada para ser sustituidos por tropas de recambio.
Aquella tarde de Diciembre, un paquete llegó con el correo vespertino. Contenía dos cosas: una carta de Dorothy con una fotografía suya y 4 botellas de ginebra junto con algunas de tónica. Douglas arengó a la tropa, les habló del bueno de John y de ese brebaje que les iba a calentar el espíritu y liberar de la realidad… Entonces preparó en sus maltrechos cuencos metálicos unos gin tonics y los repartió entre sus compañeros.
A continuación todos cayeron en un rumor previo al sueño, en un sopor cálido. A la mañana siguiente lucía el sol y todo estaba más calmado. Los rebeldes indios se habían retirado a posiciones más retrasadas y los ingleses pudieron replegarse para volver a casa. Los supersticiosos soldados pensaron que todo había sido provocado por aquella mágica bebida que los devolvió al calor de sus hogares…”
Unas cajas de munición como las encontradas en esta historia, se conservan en un lugar preferente en El 35 Gin Club, como recuerdo de Douglas Haig y de su brebaje ensoñador.