A los 35 un hombre es demasiado joven para pensar en ser adulto y una mujer no desea cumplir más. 35 son los escalones que sube Rocky frente al capitolio y 35 era la edad de Madonna cuando anunció que aquél sería su último disco. 35 son los pasos que da un saltador de longitud y 35 son los puros que fuma Castro a la semana. Con 35 Clint Eastwood fue “el bueno” entre “el feo” y “el malo” y 35 fueron las yardas que recorrió el último fugado de Alcatraz hasta que alcanzó la orilla. Y aunque 35 permite una rima fácil, 35 son las ginebras premium que tenemos reservadas para ti…

Y recordad: ImaGINation is more important than knowledge. (Albert Einstein)

Galería de imágenes · El 35 Gin Club

En el invierno del año 1890, los soldados Ingleses combatían para sofocar las revueltas de la población india.  Los dos bandos soportaban condiciones climáticas extremas, el frío atoraba los músculos y las infecciones se transmitían ferozmente.

Douglas Haig, joven teniente de 26 años, recordaba con nostalgia el sabor del gin tonic que cada tarde tomaba en la taberna londinense del bueno de su tío John, en el 35 de Fleet Street: él sabía combinar como nadie la ginebra con aquella amarga agua carbonatada usada para combatir la malaria.

Les quedaban días para licenciarse, pero estaban envueltos en una escaramuza que hacía imposible la retirada para ser sustituidos por tropas de recambio.

Una  tarde de Diciembre, unos paquetes llegaron con el correo vespertino, en unas cajas de munición: contenían una carta de tío John y 4 botellas de ginebra junto con algunas de tónica.  Douglas arengó a la tropa y les habló su tío y de ese brebaje que les iba a calentar el espíritu y liberar de la realidad.  Preparó en sus maltrechos cuencos metálicos unos gin tonics y los repartió entre sus compañeros, que brindaron con alegría olvidando la realidad.  Después todos cayeron en un sopor cálido…

A la mañana siguiente lucía el sol y todo estaba más calmado.  Los rebeldes se habían retirado a posiciones más retrasadas y los ingleses pudieron replegarse para volver a casa.  Los supersticiosos soldados pensaron que todo había sido provocado por aquella mágica bebida que los devolvió al calor de sus hogares…

Unas cajas de munición como las aparecidas en esta historia, se conservan en un lugar preferente en El 35 Gin Club, como recuerdo de Douglas y su brebaje ensoñador, en homenaje a la inspiración de los hombres que hicieron posible el nacimiento del Gin Tonic.